"The mind-forged manacles I hear"
London (W. Blake)

_

domingo, 23 de agosto de 2009

Rueda



Tengo ganas. Hoy día me miro al espejo y me acuerdo de que escondo en mis ojos ilusiones y hechizos para hacerlas realidad. Y hace pocos días sentí que la línea que divide a la vida de la muerte, no era lo suficientemente significativa para mantenerme respirando, o no. No importaba. Y pensaba, realmente lo pensaba -lo sabía- que debía de estar ciega, porque había perdido el cristal de la esperanza y se empañó mi mirada de desconsuelo... Desconsuelo, absoluto desconsuelo. Porque miré hacia todas las direcciones y no vi ninguna puerta, no vi ventana alguna y lo único que me aseguraba que aún seguía con vida era el dolor...de perder. Y la vida es sueño... Soñaba, aunque creí que había dejado de soñar. Soñaba que podía despertar al camino de la esperanza, volver a vivir, aún sin saber cómo.
Hoy tengo ganas. Tengo ganas de volver a sentir que vivo. Sin que importe si acaso corretean por mis venas los llantos de mi alma. "Vivir no es sólo respirar".

Gracias. Por darme un respiro de Vida.
XC
Y no importa, ¡Realmente no importa! Cuantas veces baje, hay que volver a subir.
(Y a bajar de nuevo, y volver a subir... )

sábado, 15 de agosto de 2009

La Duda.


El dolor de pronto ya no es tan dulce. Y es que el placer radica en la esperanza del remedio. Saber que habrá una cura, que no es necesario abrir tanto las yagas, que los sueños sanan los más irremediables pensamientos que oscurecen al corazón, aviva las ganas de volver a estar bien. Pero sin aquel remedio, qué tanto vale la vida, enfrentarse al dolor sin recompensa. Es por eso que se abren dos caminos: Desfallecer entre lágrimas muertas, o buscar alguna fuente de inspiración, que excite a la vida, para que siga fluyendo en la luz que se escapa[ba] de mis ojos.
Y entonces, la duda: ¿Ser o no ser?
Frase de maestro/s, qué fuerte es su impacto en el que vacila entre la línea de la existencia.

( ¿Por qué el ser y no más bien la nada? )

lunes, 10 de agosto de 2009

Almohada


Tengo una almohada azul donde se registran mis lágrimas. Cada gotita de tristeza, miedo, frustración, felicidad y nostalgia se deposita sobre su superficie manchada de mis llantos.
Es cierto, ahí está: sobre mi cama esperando que se acueste sobre sus plumas mi mente, para acunar a mis recuerdos y aminorar el golpe de las caídas de la vida.
Mi almohada azul... ¿Qué dirían si la vieran? Con su rostro mojado de mis sentimientos. ¿Qué pensarían si supieran cuántas veces he hundido mi cara en su regazo para derramar mis emociones...
Cómo quisiera que mi almohada pudiera acariciarme, que pudiera hablar con esa voz que cambia mi mundo.
Cómo quisiera que mi almohada azul se pareciera a ti.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Soñar

Después de repasar y repasar mis propias emociones, me dieron ganas de borrarme el pasado. Arrancar las páginas de mi tristeza, y limpiar, para empezar, como si fuera ayer, a escribir otra vez.
¿Y qué pasó con mi ley del no-arrepentimiento?
No puedo desaparecer una parte de la historia que ha sido verdadera, sería como sustraer de la Edad Media las cruzadas, como omitir un holocausto de las tierras alemanas, como quitarle el reaggeton a la juventud de estos días -y lo digo yo, ¡qué pena!-.
Sucede que todo lo que sube tiene que bajar, y que nada nace sino para morir. Así juega la vida con ciclos, disfrazándose de línea, como si fuera continua, y así me sube y me baja como si yo no fuera a sentir. Y de repente me doy cuenta de que he estado mucho tiempo abajo, aferrándome a la tierra, apretando los párpados para intentar ver el cielo, como si fuera a dibujarse dentro de ellos.
Ya es momento de que levante la cabeza y observe las estrellas, las nubes corriendo una tras de otra y continúe ascendiendo al caminar.
Sé que mientras mire al cielo encontraré la fuerza necesaria para batir las alas, y al final ahí estarás, como siempre, a pesar de todo. Pero ya no quiero detenerme para llorar (no demasiado tiempo, tratándose de mi una afirmación como esa es demasiado extrema).
Mírame desde las estrellas, si me observas, seré valiente para soñar.

martes, 4 de agosto de 2009

Otra Vez


Creo que quedan pocas horas.
Digo CREO, para que Las cosas de la vida
no se ofendan y me cambien los planes,
otra vez.
Ahora que quedan pocas horas,
el tiempo sigue jugando con mi paciencia
y se extiende lánguido, insufrible de incertidumbre,
otra vez.
Ahora que el abismo de los días,
las semanas, ¡los meses!
se me arrancan de la memoria, jugando a ocultarse de mi recuerdo,
me aplastan las preguntas y me sorprendo hipotetizando,
otra vez.
Y te veo, distraído -otra vez-,
y te veo mirándome con palabras que se escapan de tus ojos -otra vez-
Te veo ignorándome -otra vez-
y abrazándome en secreto -otra vez-.
Me veo destrozada, llorando -otra vez-,
y tan feliz, ¡emocionada!, llorando -otra vez-.
¡Y es que te conozco de tantas maneras, de tantas formas, tantas miradas, tantos gestos, tantas expresiones, tanto sentimiento, que no sé qué he de esperar.
Una sorpresa, quizás.
Como el abrazo inesperado que una vez me encontró sentada en una escalera;
quizás no te acordarás. Otra vez.

domingo, 2 de agosto de 2009

¡No puedo escribir!


¡Qué prisión más horrible que el Silencio! Silencio multívoco que en ocasiones significa paz. Y hoy es sólo la prueba de mi incapacidad de gritar. Es el candado que cerró a mi corazón y ha privado de los placeres de la expresión a mi alma. Silencio, silencio... ¿Qué más se puede decir cuando nadie quiere escuchar...?

jueves, 25 de junio de 2009

Templanza

Templanza...
Sé cuando llegaste a mi vida, y cómo me abandonas.
Descubrí que tu presencia es esquiva cuando el fantasma de mis fantasías no me acompaña.
Ahora sé que vienes adjunta a la figura que llena mi vacío, que se acuesta en mi pecho y me calma, y me cura.
Y es que hoy estoy como antes... Y me pregunto si acaso te habré perdido o volverás. ¿Sanarás mi corazón, limpiarás m sangre, como antes?
Templanza, sé que eres un atributo más del Rey de mis sueños, y no puedo pedirte que aparezcas, mientras mi espíritu este incompleto.

... Cada vez me hace más sentido, ese discurso de Aristófanes...