"The mind-forged manacles I hear"
London (W. Blake)

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martes, 12 de julio de 2011

De los vivos y los muertos, que son lo mismo excepto por la vida

Nosotros nos paramos en frente, nos peleamos, nos lavamos las manos. 
Las circunstancias de lo vivo nos convienen y nos convierten; predicamos y practicamos. Buscamos, seguimos, nos erigimos en la humanidad cimentada en la raza que está muerta, que ha hablado, que infló nuestra historia como gentes; Los otros se debaten a sí mismos con lo ocaso... ¿De qué lado las verdades: Del discurso hipócrita que intenta avistar un fin cercano, o de la guerra vívida-vivida- de existir ante la muerte?



Hay demasiado que inspirar y poco tiempo
entre las lenguas.


 O al revés.
Poco foco y mucho ego -qué más hay que ello, en todo caso?-

Acaso importa la trama, pregunto, mis histerias: la materia; cuando me reconozco como una cúpula completa, como las hierbas que crecen aledañas a los troncos, como huesos que se esconden bajo carne,
como pulpas que se encubren en la piel,
como cuerpo camuflado bajo
un nombre?!







Adiós, Laura Urra, recordaré siempre que jugamos en el campo.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Réquiem

Es simple llorar derrotas, y no haber arriesgado un pelo por la victoria- pensó- En realidad su cuerpo gélido no ha de parecer ahora tan distinto de lo que alguna vez fue, cuando dejó las apariencias entre las sábanas… Sol de invierno, el día era una metáfora perfecta: alumbra pero no calienta. ¿Acaso es peor recordar la ilusión de una luz ficticia, o sufrir la oscuridad en un fingido anhelo verdadero? Las velas fueron apagadas antes de consumirse; eso hace de sus cuerpos indignos: cera humillada, no alcanzaron a rozar el amanecer.

Pero la promesa es inquebrantable; ni el soliloquio decepcionado tras su partida, ni la herida más ardorosa pudieron contra la memoria. Ni siquiera el olvido del mismo cadáver…
El clavel rojo fue depositado sobre su tumba, tal como se figuró tantas veces en su imaginación masoquista, tal como lo estipuló el contrato implícito en su adolescencia. Atrapado el tallo entre sus dedos, asió el largo palo verde con la fuerza de unas lágrimas que no hicieron el menor ademán de salir, ni aún de ser formuladas en alguna parte del presente. Sin embargo, hubo compresión: las cintas entintadas del pecho se anudaron hasta contraerse en un puño gris y azul: recordar que una vez se ha amado…

Un clavel, rojo y solitario.

lunes, 31 de mayo de 2010

Espacio fonético

La distancia más extensa,

La que nunca pude medir en verbos

Es la que se viste con palabras.

El vacío más inmenso

Está lleno de oraciones

Colmado de intensiones que fallan,

Que no se pueden conjugar.


Si acaso querías saber,

Si te preguntas de vez en noche

Cuál fue el susurro que dejé encerrado

Entre mis amígdalas,

Ese fue:

Entre tú y yo hay un silencio que no se puede callar,

De mi hasta ti, hay espacio sin puente.

Ni con todos los discursos de la política occidental,

Ni con todo el recurso lingüista,

Ni con toda la ambición poética concebible

Te harías una idea, jamás, de lo yo que sentí.

domingo, 30 de mayo de 2010

Caminatas interminables

Así, caminar despacio, como si acaso el tiempo nos alcanzara de sobra, como si el mañana fuera muy después. O el después esperara a mañana. Así, caminar letárgico, a nuestro antro de rituales de solsticio, impregnarse de blanco, mirarse al espejo y culpar a los tubos, despegar un ojo y subrayarse de negro.

Eso era todo: amaneceres que valían la pena.

lunes, 26 de abril de 2010

Inocuidad contraproducente

Antes de los por qués
durante los cómos
y después de los dóndes
se me caen las dignidades de los dedos
(y de las piernas)

Y no hay nada que hacerle:
estas pulsiones son más rápidas
que las razones.

domingo, 18 de abril de 2010

Indeterminado

Es una tristeza tan simple,
que no estoy segura de si acaso es real.
Las lágrimas son claras y livianas
pero aún
la punzada atraviesa mi carne
hasta el centro
hasta Lo hondo
hasta ahogar los gemidos simples.
Simples de verdades tristes.

Te pedí un sentimiento
y me diste esta tristeza informe
e inconstante

Te pedí una sonrisa
y me diste tus placeres...
¡Tan culpables!

Te pedí un poema
y me diste imposibles

Imposibles intocables

viernes, 2 de abril de 2010

La Mala (mujer, polola, amiga, hija, compañera, madre, esposa, y así ad infinitum).

De hace tiempo no le presto atención a esta mujer, pensé que nunca lo volvería a hacer, pero nunca he renegado de la marca que dejó su nefasta aparición en mi vida. Lo que soy, no hubiese alcanzado a actualizarse sin ella, sin ella y sin los demás personajes detestables de mi historia. Las lágrimas, la ironía desatada por inminentes desprecios, por mi parte, la lástima o la rabia, todo se agradece. El pobre de sabiduría no puede andar despreciando lecciones de vida. Y esos, los que dejan recuerdos amargos, son los que han aportado, entre otros, a aleccionarme.
Tampoco puede una menospreciar tamaño retrato de un personaje tan singular, labrado con tanto detalle, el villano manipulador, calculador, perverso, pervertido, febril, enajenadamente inocente de sus bajezas. Nadie puede decir que no era compleja, que no estaba cagá e' la cabeza.La innombrable, como le dicen, tenía la vida patas pa' arriba, literalmente. Vivía en una casa de locos, la tenían totalmente enloquecida a ella. Por sus ancestros, la perdono, porque nadie puede ser normal en semejante ambiente. La casa era de cristal, así siempre la vi yo; había que contorsionarse al moverse, al caminar, para no botar nada, para no pecar contra la inmaculada sala cristalina de la casa de locos. Había que tener cuidado, no subir la voz, para no despertar los gritos de los viejos moribundos de alma, que dormían arriba, en el segundo piso. Había que estar calladito, no hacerse el simpático con la madre, porque salía peor, porque siempre estaba lista para responder con dejo despreciable, más que de desprecio.
Llegó del Norte, a puro molestar, esa es la verdad: nadie la quería, la quisimos al final. Llegó diciéndose especial, creyéndose especial, diciendo que nadie la quiso antes, porque nadie la entendió, porque todos eran malísimos en las ciudades nortinas, donde hay más Sol. Decía que todos la dejaron sola, que maquinaron todos juntos contra ella.
Lo mismo debe estar diciendo ahora de nosotros...
Nadie la quiso acá tampoco, nadie soportó su empalagosa majestuosidad de egolatría. Pero tuvimos que ceder, ella nos hizo ceder y se quedó conmigo, y con los míos. Nos obligó, siempre debió tenerlo claro, y nos obligó hasta que la quisimos, hasta que dejó de molestarnos su presencia, hasta que la llegamos a extrañar, a dibujar en nuestros autorretratos.
Pero debo confesar, que todo el tiempo sentí el peso de haberla querido obligada, pero me hice cargo, como muchos, de sus llantos, de sus rabietas, sus pataletas, sus lágrimas de cabra chica mimada que vive con los abuelos y la mamá (aunque los abuelos la trataran mal, aunque la mamá nunca la abrazaba y aunque el ex-papá fue el primero en cagarle la mente), sin hermanos. Todo el tiempo recurrió a mi una especie de cólico cuando ella estaba cerca, me devolvía los sentimientos; el empalago, me daban ganas de vomitar. De mandarla lejos, de reírme de su drama, de des-hacerla parte de nosotros. Pero no podía, porque la quise, porque ella me obligó.
Ahora leo sus mensajes, sus cartas express. Recuerdo ahora cuánto se internó en nuestras vidas, cuan parte llegó a ser de mi escenario, de mi cuento, de mis delirios, incluso.
"Maraca de mierda". Esa es la palabra de todo el que la conoció. Y yo lo digo, lo repito, cada vez que la nombro, a la innombrable. Maraca de mierda, porque logra no ser indiferente, porque a todos nos dan ganas de hacerle rayones feos encima, en vez de borrarla. Porque hasta me llegó a dar pena...
(De puro morbo dan ganas de hablarle, o de saber qué hace, pero el sentido común aleja a kilómetros...)Maraca de mierda. Debe estar diciendo que la dejamos sola, que nadie la quiso, que la tratábamos mal, porque todos eran tan malísimos en ese colegio rosado, allá donde hay re poco Sol.



[Disculpenme la mala palabra, no se puede describir con menos]




domingo, 14 de marzo de 2010

Las mil primeras veces

Desvirgaste.
Me acabo de dar cuenta de toda la inocencia robada,
desbaratada sin compasiones.
Excitaste con permiso ligero a las emociones,
como si fueras a rozarlas hasta hacerlas llorar,
pero de placer.
Tuviste complaEsencia y aún así ultrajaste.
Robaste
Violaste (?)
Y no eres (estás) impune, porque te dolió más
perder lo suave de los amores con que te revolcaste,
que a esos mismos que te abrazaban en las noches tristes.
Me perdonaras la sinceridad, pero te llevaste virginidades miles,
de mil tipos, colores y sabores.
¿Y cómo terminó ese deslisse que pareció eterno?
¿Que asegurabas eterno?
...