"The mind-forged manacles I hear"
London (W. Blake)

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miércoles, 16 de marzo de 2011

La Muerte del Cepillo de Dientes

Los cuerpos sin exhumar de las sobras no son lo más digno para un servidor. No para adornarlo. No para velar su cuerpo inerte. No para acogerlo en su muerte.
Si los días más íntimos no merecen mejor sepultura, no me atrevo -no me quiero- imaginar que queda para una, que es algo así como una empleadora abusiva de sus cerdas irregulares, revueltas por el tiempo y el esfuerzo. No me dan las fuerzas para imaginar cómo habría sido si el entierro fuera al revés, si mi carne putrefacta en relación directa con el tiempo hubiese caído entre sus hebras de dureza media...
Por mi parte fui indolente. Dudé. Viví un instante brevísimo de vacilación a punta de costumbre. Diría que pensé en que tantas noches de depuración, tantas mañanas de aliento, habrían de merecer bien un final más digno. Digno. Debiera de haber pensado en que las cosas del pasado no se pueden desechar así, sin más, sin despedida, sin por lo menos un intento decoroso y protocolar de hacer algo así como un réquiem, pero menos popular. Que si acaso hubo algo sobre qué oscilar las dudas y los miedos, debió ser pasar la mano por sobre lo que fue, y cambiar. Que sentí miedo, que traté de evitar, que aferré cada una de mis uñas alrededor de su cuerpo fino y engomado, que grabé los colores de su ser extenso en mi retina para siempre, antes de seguir y olvidar. Que tuve algo de miedo.
Reconozco que lo tuve, que intenté estirar los tiempos, las eras, todas las relaciones, las sacudidas, hasta que el cuerpo laxo no dio abastos para tanta mugre.
Pero al final fui indolente (no niego que sentí, y todavía siento, bastante pena,; el ardor que deja el despegar del brazo una huincha adhesiva, pero fui indolente). Simplemente extendí los dedos, las palmas, y cayó:
sobre la tumba de lo que fue, y ya es
BASURA

viernes, 4 de febrero de 2011

Reloj de Sol


La arena se funde a sus pies
sin pausa y sin tiempo real
han de eclipar eras al danzar
Yo sé, los he visto girar

Envuelven los cuerpos
de sus santos segunderos
entretejen en sus hebras un ayer
Espirales de fuego emergen de raíz
rasgando la tierra, manillas de Sol
paren horas doradas
en frentan de cara a Dios:

Una amalgama pasajera de eternidad

cae en mi pecho y mi voluntad
El cuerpo es la espada del tiempo
que se va

¡Condenados! Somos viajeros eternos
en inmovilidad

Pero yo te espero
Yo te espero, segundero
En el Sol siempre es hoy



lunes, 4 de octubre de 2010

Vencimiento



Estamos tatuados en la espalda
para no vernos las horas
ni sabernos ignorantes

El tinte negro avanza y suma
como si extendiera cuando acorta
como si sobrara lo que falta

Sentir el engranaje asusta
pisar detrás los pasos propios
mirarse hasta la misma muerte

Mejor no recoger relojes
ni despegar mucho los ojos
Mejor no revisar envases
y tragar la Vida a su antojo
Comer del Ocaso sin verlo
como si fuese admisible
esperar Mañana sin tiempo

Así el Alma envuelta en recuerdos
caducos que en su lecho flotan
olvida que llega el momento
en que el Día y la Cuerda
se agotan

jueves, 9 de septiembre de 2010

Lo que se queda.


El barco se va. El viento, las mareas.
El puerto se va, la playa, la orilla.
Los hilos, la distancia, se van
deshaciendo.
Las puertas se van, y las ventanas
se van los hijos, se van los muertos.
Las murallas, los bastiones,
las historias, todo se pierde.
El llanto se va, y la sonrisa.
También se va la luna, el alma,
la brisa.
Y se va el Sol, y se va Dios,
los días,
se va la calma, la ironía.
El tiempo se va,
está siempre de ida.
Las manos se van, la piel, los huesos
los surcos, la tierra, las larvas, los besos.
Se va el cuerpo, se va la mente
Se va la vida
Se va la muerte.