entre las lenguas.
O al revés.
Poco foco y mucho ego -qué más hay que ello, en todo caso?-
como pulpas que se encubren en la piel,
como cuerpo camuflado bajo
un nombre?!

A veces me dan ganas de borrarme entera. No como suicidio adelantado, premeditado, bien planeado: simplemente suprimirme; y siquiera empezar de nuevo, como un reset.
Quisiera despedazar todas mis páginas, las escritas, incluyendo las que preparan el apego a lo pasado, y el total entendimiento de aquello de “causa-efecto”, la explicación metódica de los sucesos y el sermón canónico de resiliencia…
Quisiera simplemente resumirme en el presente. Ser instantánea; como hecha polvo.
Quiero un momento.
Oh, dioses: húndanse en sus abismos. Maestros: tráguense sus cuentos. Señores: húndanse y tráguense el doble de sus inventos.
Yo quisiera ser libre de sus experimentos…
Suprimirme siendo.
Que me trague la tierra y me duerma.
(Léase rápido y desesperado)*
Si quisiera descifrar esta onda
que brota temblorosa entre mis pechos,
posible es que me equivoque de blanco.
No podríamos determinar qué vibra
entre nuestras redes, si no se nombra.
Es mejor dedicarnos al silencio,
a la completa plenitud de estar-nos,
de este sentido y mutuo percibirnos.
Percibirnos bordados en la tierra,
anclados con raíces al momento;
el paso de mi aire hacia tu aliento,
el roce de mi falda y de tu pierna,
la punta de tus dedos en mi mengua.
Es mejor no enredarnos en
para así preocuparnos de las nuestras
-y no tanto de las muertas.
No, no intentes increparme o seducirme,
no quieras amoldarme con palabras;
es mejor dedicarnos al silencio.
Mira, no soy de mucho diccionario,
aunque parezca de hoja, soy la hierba,
aunque me veas de rama, soy chlorós-phylla.
Dejémonos fluir contra corriente,
¡hacia arriba!
mira que ya no es tiempo de modestias.
¡Dejemos de perdernos en molestias!
y démonos espacio para estar-nos.
¡Mira que la gente ya ni se mira,
y yo me he vuelto sorda de mentiras!
Tratemos de mirarnos a lo oscuro
-lo cierto-
plantados en la afasia de la noche,
sin pretender las luces de las copas.
sin el discurso falso de mañana.
*Nota de la primera escritura, completamente ignorable ahora (xD--> rompiendo solemnidad)
¿Por qué la gente se empuja en el metro?
¿Estarán cansados, querrán quitarse el peso macizo que estiba a sus pies? ¿Corren acaso, quizás, a encontrar un alivio a la carga interminable de sobrevivir, a endosarle a los asientos la monotonía de sus vidas pesadas de lastre? Se empujan para ver quién llega primero a quitarse unos minutos la tarea de estar en pie, de andar. Corren como ganado arreado por jinetes incorpóreos, estimulados por el siguiente segundo, por la siguiente oferta, por la siguiente demanda…
¡Pero cuántos cansados de vivir… los que encorvamos la espalda bajo el peso de la existencia, nos quedamos de pie mirando, abismados, mientras se nos escapa el vagón!