cuando el mundo se distorciona lo veo todo claro (quizás mis problemas sean a la vista...o al equilibrio) cuando la catarsis se vuelve sobre la gente, soy una ahijada de la paz etérea, inmune a la tragedia (aún si fuera vástago de mis plumas) cuando ellos pisan mierdas, yo giro elegante y, vuelo.
Primera vez que estoy arriba, con un pie girando -abajo- sobre el eje de una pista americana, de un diseño de París, de una música romana, ¡cuán bailarina abierta en flor!
La vida se echa las ganas: tira dados sobre las cajas de bolitas que intentamos encerrar, como si fuera al azar, como si Alea fuese a jugar. A veces todo va bien, y entonces, viene un traspié. Y la probabilidad, epistemológicamente hablando, sigue siendo la misma. Quizás mañana abra los ojos y este en España, quizás desaparezca, quizás sea mariposas...
La arena se funde a sus pies sin pausa y sin tiempo real han de eclipar eras al danzar Yo sé, los he visto girar
Envuelven los cuerpos de sus santos segunderos entretejen en sus hebras un ayer Espirales de fuego emergen de raíz rasgando la tierra, manillas de Sol paren horas doradas en frentan de cara a Dios:
Una amalgama pasajera de eternidad
cae en mi pecho y mi voluntad El cuerpo es la espada del tiempo que se va
¡Condenados! Somos viajeros eternos en inmovilidad
Pero yo te espero Yo te espero, segundero En el Sol siempre es hoy
Ojos desorbitados, me cuesta caminar Con uno miro las ramas; el otro, lo cierro para pensar Sabes, mis pies no se afilian. Uno se escapa y el otro, se quiere enterrar ¡Y las manos! Las manos son nobles, y se aventuran a la par Busco algo como el roce de tus ropas para tocar Esto sí es novedad: hay un golpe desde dentro que insiste hasta empujar el pecho al suelo; sí, es novedad
Hay días en que el Sol alumbra, pero no calienta. Cuando el viento helado no apuñala, sino acompaña; empuja a los vagos al camino, levanta las faldas y enreda el pelo. En uno de esos días me imaginé llena de pliegues rojos. Me imaginé la caída vertical -y paulatinamente hecha espiral- de mi cabello negro, atravezada (perpendicular) con una cinta roja, que más que cinta sería un "lazo rojo". Me imaginé metida dentro de mis zapatos; negros, para combinar. Esos que parecen de ballet, pero no son. Los que tienen una flor, también negra, a un costado; los que no se amarran, porque tienen elásticos finos que se cruzan sobre el empeine. Esos. Me imaginé tan perfectamente equilibrada, tan pulcra, tan potencialmente digna, tan posiblemente armónica; linda... que te inserté en mi escena para aportarle un fin a mi obra. Te acoplé a mis fantasías para volverte el espectador perfecto, para explicarme que tenía sentido haberme en-vestido de princesa, en un día helado de Octubre, de esos en que el Sol alumbra, pero no calienta.
Me perturba, pero al menos, a ratos, me saca buenas sonrisas. Y así asumo la dialéctica vital: arriba y abajo, atrás y adelante, y demases opuestos correlativos, o algo así.
Sucede que no tengo oídos a los que recitar, por eso me invento imágenes de cera, por eso me recaudo algunas memorias para armar con ellas poemas como de amor, cuando me aburren los de vana razón o soledad. Es que no puedo soportar más tiempo sin ponerle algo de pereza dulce a esto, e imagino, por eso imagino, y le encuentro cuerpos a mis imaginanzas.
Pero a veces no puedo trazar más clara la línea entre la idea y el sensible; a veces, simplemente te pasas a este lado y creo que estás conmigo, de verdad conmigo, de verdad escuchándome, riéndome, tocándome. Después te subes al ascensor dialéctico y me dejas, perdida en la pregunta por tu esencia ¿Quid est?
A veces se me ocurre que quizás mis caminatas, debería reducirlas, para no darme licencia de pensarlo tanto y repasar hasta las huellas que dejamos en el barro. Tal vez si apagase el soundtrack, dejaría de inventar momentos ilusorios. ¿Pero cuál botón debieras presionar para apagarme tú a mí? Y así dejar de darle tanta vuelta al asfalto húmedo, la gente apretada y las luces de invierno.
Sucede que me canso hasta en los sueños y no puedo dejar de crearme y de creerme, como esquizofrénica. Hasta me voy quedando sin abastos argumentativos para justificar mi propia adicción alucinógena a escribir cuentos sin línea temporal.
Tal vez por eso no puedo dejar de perseguir mis pasos en marcha, agitada, hasta tenderme de cansancio en el suelo de vagones con destino establecido. Quizás así lleno este espacio universal vacío; absoluto absurdo direccional. Tal vez así nos enajenamos cuando se nos presenta muy de cerca la monstruosa presencia de la respuesta hueca al por qué.
Entonces yo te invento como un juego, como un arma, hasta verte por ahí hecho hombre, y te escribo.
Es una tristeza tan simple, que no estoy segura de si acaso es real. Las lágrimas son claras y livianas pero aún la punzada atraviesa mi carne hasta el centro hasta Lo hondo hasta ahogar los gemidos simples. Simples de verdades tristes.
Te pedí un sentimiento y me diste esta tristeza informe e inconstante
Te pedí una sonrisa y me diste tus placeres... ¡Tan culpables!
Siento. Hasta las brisas en el techo, me sigue el temblor en el pecho. La verdad me busco en letras ajenas, y no se si me encuentro o no existo, no sé si soy, o nunca fui, o quizás seré; ahí.. La verdad es que tengo ganas de gritar, hasta ser inaudible; siento mucho. ¡Todo esto que siento, no tiene soberana explicación... Por eso no me va el escepticismo en días como hoy.
De puro curiosa me encontré con el pasado. No el mío, uno ajeno. Y debo reconocer que se me sacudía el pecho. Y de puro curiosa lo leí entero, lo escuché entero y hasta me lo imaginé. De puro curiosa, ¡Y hasta con un poco de envidia! -insana, porque no tiene el menor grado de sensatez (pero el egocentrismo femenino a veces hace que una quiera ser el principio de todo). Es difícil encontrarse con el pasado que es tan configurado e inamovible. Parece que se vuelve difuso, pero es por la debilidad de nuestra memoria, en el fondo sigue tan claro como pasó, porque olvidemoslo o pasemonos noches enteras recordando, "lo que pasó, pasó" (Heme aquí citando un reaggeton...). Lo triste de no ser pasado es que yo ahora no sé si quiera si soy presente, menos futuro. El futuro es variabilidad total, la respuesta a la pregunta sobre nuestra presencia en el futuro recuerdo de lo anterior, es completamente inductiva. "Quizás". Pero las probabilidades no dan seguridad, que es lo que tanto uno busca, porque no puede con eso de echarse a la vida y vivirla a medida que se vive. Lo que me preocupa es mi preocupación por ese tiempo que se fue y que viene, y que no es mío. (Pero no tengo ganas de ocuparme... así que me preocupo, al menos por el momento) Me asusta mi temor al mañana ausente. Y a la distancia, que quizás disolverá momentos que pasaron como un receso y que, sin embargo, se incrustaron en lo que fue: un pasado. Es inamovible e innegable: lo que pasó, pasó. Conmigo y sin mi.
Me pasa como en el zoo-lógico; exactamente lo mismo... Quisiera arrancarte las plumas de colores, saborear colmillos místicos, pero no me gusta domesticar... porque se pierde la esencia; salvaje.