"The mind-forged manacles I hear"
London (W. Blake)

_
Mostrando entradas con la etiqueta imaginaria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta imaginaria. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de junio de 2011

Reflexiones acerca de mi pensamiento narrativo


Necesito a mis oyentes imaginarios. Necesito contarles mi vida como si vivirla no fuera suficiente. Porque no sirvo para vivir sin volver sobre la vida.
A veces los personifico, los nomino, y otras veces algunos cuerpos se me meten en la mente y transmutan en fantasías.
De ahí mis amigos imaginarios. Sólo sé que, de quedarme sola, las letras me acompañarían, aunque sean pronunciadas en silencio. Que no estoy loca, porque estoy reprimida en tu presencia y tu audiencia, que es real, aunque la invente a cada momento.

Sigo apostrofando todo lo que hago

De mi: http://www.fotolog.com/angel_dulcedolor/ (retención adolescente)

miércoles, 14 de julio de 2010

El Vestido Rojo


Hay días en que el Sol alumbra, pero no calienta. Cuando el viento helado no apuñala, sino acompaña; empuja a los vagos al camino, levanta las faldas y enreda el pelo.
En uno de esos días me imaginé llena de pliegues rojos. Me imaginé la caída vertical -y paulatinamente hecha espiral- de mi cabello negro, atravezada (perpendicular) con una cinta roja, que más que cinta sería un "lazo rojo". Me imaginé metida dentro de mis zapatos; negros, para combinar. Esos que parecen de ballet, pero no son. Los que tienen una flor, también negra, a un costado; los que no se amarran, porque tienen elásticos finos que se cruzan sobre el empeine. Esos.
Me imaginé tan perfectamente equilibrada, tan pulcra, tan potencialmente digna, tan posiblemente armónica; linda... que te inserté en mi escena para aportarle un fin a mi obra. Te acoplé a mis fantasías para volverte el espectador perfecto, para explicarme que tenía sentido haberme en-vestido de princesa, en un día helado de Octubre, de esos en que el Sol alumbra, pero no calienta.

miércoles, 16 de junio de 2010


Ojalá me fuera lejos, lejos.
Para tener una despedida triste,
con lágrimas de si te vuelvo a encontrar...
con abrazos de yo también...

martes, 1 de junio de 2010

Inconfesiones III

Sucede que no tengo oídos a los que recitar, por eso me invento imágenes de cera, por eso me recaudo algunas memorias para armar con ellas poemas como de amor, cuando me aburren los de vana razón o soledad. Es que no puedo soportar más tiempo sin ponerle algo de pereza dulce a esto, e imagino, por eso imagino, y le encuentro cuerpos a mis imaginanzas.

Pero a veces no puedo trazar más clara la línea entre la idea y el sensible; a veces, simplemente te pasas a este lado y creo que estás conmigo, de verdad conmigo, de verdad escuchándome, riéndome, tocándome. Después te subes al ascensor dialéctico y me dejas, perdida en la pregunta por tu esencia ¿Quid est?

A veces se me ocurre que quizás mis caminatas, debería reducirlas, para no darme licencia de pensarlo tanto y repasar hasta las huellas que dejamos en el barro. Tal vez si apagase el soundtrack, dejaría de inventar momentos ilusorios. ¿Pero cuál botón debieras presionar para apagarme tú a mí? Y así dejar de darle tanta vuelta al asfalto húmedo, la gente apretada y las luces de invierno.

Sucede que me canso hasta en los sueños y no puedo dejar de crearme y de creerme, como esquizofrénica. Hasta me voy quedando sin abastos argumentativos para justificar mi propia adicción alucinógena a escribir cuentos sin línea temporal.

Tal vez por eso no puedo dejar de perseguir mis pasos en marcha, agitada, hasta tenderme de cansancio en el suelo de vagones con destino establecido. Quizás así lleno este espacio universal vacío; absoluto absurdo direccional. Tal vez así nos enajenamos cuando se nos presenta muy de cerca la monstruosa presencia de la respuesta hueca al por qué.

Entonces yo te invento como un juego, como un arma, hasta verte por ahí hecho hombre, y te escribo.

lunes, 31 de mayo de 2010

Cásate conmigo

¿No sería bonito? ¿No te imaginas cómo pareceríamos tarjeta barata de medio Febrero? ¡Cómo adornaríamos la pompa rosa y perfumada de una historia impresa en pergamino de farándula cotidiana!

Qué bonito sería si te diera las manos frías, sin gesto, sin palabras que disfrazar de abrazo; reflejar nada más el lazo, condicionada a entregar cada esquina de este cuerpo vacuo y, en las fotos, amalgamarme el bosquejo de otro ente: tú. Tú y yo, yo y tú: nosotros. ¿No sería lindo tener cómo gastar el saldo telefónico? Ultrajar el modelo comunicativo: ecribirnos sin mensaje, componer cartas eternas con partículas de aire, correr a encontrarnos y pasar de largo, buscarnos entre masas paseándonos del brazo… ¿No sería bonito? ¿No te gustaría prepararnos un destino que nos saque el porvenir de encima? ¿Buscarnos cajas y empacar el espacio entre nuestro aquí y el cielo, el Universo, el existir, la infinitud de mañanas probables? Escogernos, encogernos; revestirnos, revertirnos; e insistir que vemos escondiendo la cabeza entre las piernas... ¡Qué bonito! Qué bonito sería enredarnos en el mismo nudo, desatarnos de la misma soga, escaparme al Norte y tu al Sur, colisionando en cada vuelta absurda de nuestro fuga al mundo. ¿Te imaginas la felicidad soberbia de asentarnos con grilletes de oro, ahí, anclados frente a la obra cúlmine del sueño sacro humano? Y robarnos la unidad en la cama, olvidarnos en reuniones diarias, absolvernos de pisar pantanos, regalándonos flechas de calendario, sonriendo a dios por la ventana y peleándonos la puerta, arrebatarnos la salida de emergencia, despedazar nuestro final feliz.

¿No te gustaría?




jueves, 13 de mayo de 2010

Apariencia

¿Cómo es posible sentir ese odio de envidia, o esa envidia de odio? ¡Cómo, que no cabe en mi frente antes de esa contra-di-cción estomacal! ¿Cómo se puede conservar el gesto arbóreo, mientras quema y cosquillea sin exhalación si quiera?


viernes, 16 de abril de 2010

Extraña

Me imagino que cada momento en su vida es como una poesía triste.
Pero de esas que me quitan el aire al punto haberme callado el llanto,
como las que algunas veces yo escribía.
De esas con pena verdadera, y por nada, y por todo
porque ella escribe al son de una melodía así de triste
¡tan desgarradora!
que la escucho una y miles de veces,
adornando tanta palabra cadente,
tanto soneto arruinado.