"The mind-forged manacles I hear"
London (W. Blake)

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martes, 12 de julio de 2011

De los vivos y los muertos, que son lo mismo excepto por la vida

Nosotros nos paramos en frente, nos peleamos, nos lavamos las manos. 
Las circunstancias de lo vivo nos convienen y nos convierten; predicamos y practicamos. Buscamos, seguimos, nos erigimos en la humanidad cimentada en la raza que está muerta, que ha hablado, que infló nuestra historia como gentes; Los otros se debaten a sí mismos con lo ocaso... ¿De qué lado las verdades: Del discurso hipócrita que intenta avistar un fin cercano, o de la guerra vívida-vivida- de existir ante la muerte?



Hay demasiado que inspirar y poco tiempo
entre las lenguas.


 O al revés.
Poco foco y mucho ego -qué más hay que ello, en todo caso?-

Acaso importa la trama, pregunto, mis histerias: la materia; cuando me reconozco como una cúpula completa, como las hierbas que crecen aledañas a los troncos, como huesos que se esconden bajo carne,
como pulpas que se encubren en la piel,
como cuerpo camuflado bajo
un nombre?!







Adiós, Laura Urra, recordaré siempre que jugamos en el campo.

miércoles, 16 de marzo de 2011

La Muerte del Cepillo de Dientes

Los cuerpos sin exhumar de las sobras no son lo más digno para un servidor. No para adornarlo. No para velar su cuerpo inerte. No para acogerlo en su muerte.
Si los días más íntimos no merecen mejor sepultura, no me atrevo -no me quiero- imaginar que queda para una, que es algo así como una empleadora abusiva de sus cerdas irregulares, revueltas por el tiempo y el esfuerzo. No me dan las fuerzas para imaginar cómo habría sido si el entierro fuera al revés, si mi carne putrefacta en relación directa con el tiempo hubiese caído entre sus hebras de dureza media...
Por mi parte fui indolente. Dudé. Viví un instante brevísimo de vacilación a punta de costumbre. Diría que pensé en que tantas noches de depuración, tantas mañanas de aliento, habrían de merecer bien un final más digno. Digno. Debiera de haber pensado en que las cosas del pasado no se pueden desechar así, sin más, sin despedida, sin por lo menos un intento decoroso y protocolar de hacer algo así como un réquiem, pero menos popular. Que si acaso hubo algo sobre qué oscilar las dudas y los miedos, debió ser pasar la mano por sobre lo que fue, y cambiar. Que sentí miedo, que traté de evitar, que aferré cada una de mis uñas alrededor de su cuerpo fino y engomado, que grabé los colores de su ser extenso en mi retina para siempre, antes de seguir y olvidar. Que tuve algo de miedo.
Reconozco que lo tuve, que intenté estirar los tiempos, las eras, todas las relaciones, las sacudidas, hasta que el cuerpo laxo no dio abastos para tanta mugre.
Pero al final fui indolente (no niego que sentí, y todavía siento, bastante pena,; el ardor que deja el despegar del brazo una huincha adhesiva, pero fui indolente). Simplemente extendí los dedos, las palmas, y cayó:
sobre la tumba de lo que fue, y ya es
BASURA