"The mind-forged manacles I hear"
London (W. Blake)

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sábado, 9 de julio de 2011

La mujer que era

He olvidado cuánto vale aplicarse gloss
en los labios
la insistencia de las manos en el pelo
y la cintura flaca, las caderas largas

Sobre todo las pestañas doloridas
se han perdido
exiliadas a desiertos que hoy respiro
como polvo de casas viejas
de mortajas segunderas

Lo cambié todo

lo dejé por patear hojarascas en las calles
por brazos que duran un infinito en rededor

lunes, 6 de junio de 2011

Recuerdos de un desvelo

Anoche sufrí la total humanidad. Todas las esperanzas desgastadas y los intentos prematuros que han sido alzados a lo largo de los tiempos. Todo fulminó en mi cuerpo, me inundó el tórax hasta doler debajo de los hombros y encima de los pechos. Cuándo, me pregunté, cuándo los hombres han sido justos...
He visto el secreto de los reformistas; todo se trata de autosatisfacción, de creerse protagonista. Todo se trata de un absoluto yo.

miércoles, 16 de marzo de 2011

La Muerte del Cepillo de Dientes

Los cuerpos sin exhumar de las sobras no son lo más digno para un servidor. No para adornarlo. No para velar su cuerpo inerte. No para acogerlo en su muerte.
Si los días más íntimos no merecen mejor sepultura, no me atrevo -no me quiero- imaginar que queda para una, que es algo así como una empleadora abusiva de sus cerdas irregulares, revueltas por el tiempo y el esfuerzo. No me dan las fuerzas para imaginar cómo habría sido si el entierro fuera al revés, si mi carne putrefacta en relación directa con el tiempo hubiese caído entre sus hebras de dureza media...
Por mi parte fui indolente. Dudé. Viví un instante brevísimo de vacilación a punta de costumbre. Diría que pensé en que tantas noches de depuración, tantas mañanas de aliento, habrían de merecer bien un final más digno. Digno. Debiera de haber pensado en que las cosas del pasado no se pueden desechar así, sin más, sin despedida, sin por lo menos un intento decoroso y protocolar de hacer algo así como un réquiem, pero menos popular. Que si acaso hubo algo sobre qué oscilar las dudas y los miedos, debió ser pasar la mano por sobre lo que fue, y cambiar. Que sentí miedo, que traté de evitar, que aferré cada una de mis uñas alrededor de su cuerpo fino y engomado, que grabé los colores de su ser extenso en mi retina para siempre, antes de seguir y olvidar. Que tuve algo de miedo.
Reconozco que lo tuve, que intenté estirar los tiempos, las eras, todas las relaciones, las sacudidas, hasta que el cuerpo laxo no dio abastos para tanta mugre.
Pero al final fui indolente (no niego que sentí, y todavía siento, bastante pena,; el ardor que deja el despegar del brazo una huincha adhesiva, pero fui indolente). Simplemente extendí los dedos, las palmas, y cayó:
sobre la tumba de lo que fue, y ya es
BASURA

viernes, 4 de febrero de 2011

Reloj de Sol


La arena se funde a sus pies
sin pausa y sin tiempo real
han de eclipar eras al danzar
Yo sé, los he visto girar

Envuelven los cuerpos
de sus santos segunderos
entretejen en sus hebras un ayer
Espirales de fuego emergen de raíz
rasgando la tierra, manillas de Sol
paren horas doradas
en frentan de cara a Dios:

Una amalgama pasajera de eternidad

cae en mi pecho y mi voluntad
El cuerpo es la espada del tiempo
que se va

¡Condenados! Somos viajeros eternos
en inmovilidad

Pero yo te espero
Yo te espero, segundero
En el Sol siempre es hoy



lunes, 13 de diciembre de 2010

Réquiem

Es simple llorar derrotas, y no haber arriesgado un pelo por la victoria- pensó- En realidad su cuerpo gélido no ha de parecer ahora tan distinto de lo que alguna vez fue, cuando dejó las apariencias entre las sábanas… Sol de invierno, el día era una metáfora perfecta: alumbra pero no calienta. ¿Acaso es peor recordar la ilusión de una luz ficticia, o sufrir la oscuridad en un fingido anhelo verdadero? Las velas fueron apagadas antes de consumirse; eso hace de sus cuerpos indignos: cera humillada, no alcanzaron a rozar el amanecer.

Pero la promesa es inquebrantable; ni el soliloquio decepcionado tras su partida, ni la herida más ardorosa pudieron contra la memoria. Ni siquiera el olvido del mismo cadáver…
El clavel rojo fue depositado sobre su tumba, tal como se figuró tantas veces en su imaginación masoquista, tal como lo estipuló el contrato implícito en su adolescencia. Atrapado el tallo entre sus dedos, asió el largo palo verde con la fuerza de unas lágrimas que no hicieron el menor ademán de salir, ni aún de ser formuladas en alguna parte del presente. Sin embargo, hubo compresión: las cintas entintadas del pecho se anudaron hasta contraerse en un puño gris y azul: recordar que una vez se ha amado…

Un clavel, rojo y solitario.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Bizca


Ojos desorbitados, me cuesta caminar
Con uno miro las ramas; el otro, lo cierro para pensar
Sabes, mis pies no se afilian. Uno se escapa y el otro, se quiere enterrar
¡Y las manos! Las manos son nobles, y se aventuran a la par
Busco algo como el roce de tus ropas para tocar
Esto sí es novedad: hay un golpe desde dentro que insiste hasta empujar
el pecho al suelo; sí, es novedad

domingo, 25 de julio de 2010

Pájaros en la cabeza

Para que se entienda, hay que agarrar uno sólo: abrirle la puerta y dejarlo volar, para que no se pierda en griterío y revoltijo. Después otro, y otro. Para que se sigan y acoplen en figuras...


(Todo así, ¡muy lógico!)

lunes, 21 de junio de 2010

Repíteme


Dime de nuevo

una y otra vez

hasta agotar toda gota de esperanza

en mi optimismo accidental.

Dime que no

una y otra vez,

destrózame entera la potencia

de lo que podría llegar a ser;

¡Censúrame todos los actos!

Dime hasta nunca

una y otra vez

hasta disolver mis resoluciones

en tus retornos pronosticados.

domingo, 20 de junio de 2010

Juventud

Me aterroriza recordar que estoy viviendo precisamente el presente. Que ahora es mi hoy, siempre. Y no puedo disfrutar de esa unión cósmica con el "siempre-ahora" del que tanto han escrito en libros de metafísica... No, porque mi vida es finita. Porque el ascenso en espiral del tiempo me oprime, me hostiga siseando que los hilos de mi estancia aquí y ahora son tan finos, que ni siquiera existen, si intento agarrarlos para retenerlos se deshacen. ¿Y por qué tanto miedo al presente que nunca se queda suficiente? Es miedo a que nada parezca permanente, que nada escape a esa fugacidad y banalidad que es el tiempo humano. (¿Es voluntad de vivir?)
Son los mejores años de mi vida...
¿Y qué hacer con tanto ahora, para no enlutarse detrás de su paso?

lunes, 26 de abril de 2010

Inocuidad contraproducente

Antes de los por qués
durante los cómos
y después de los dóndes
se me caen las dignidades de los dedos
(y de las piernas)

Y no hay nada que hacerle:
estas pulsiones son más rápidas
que las razones.