"The mind-forged manacles I hear"
London (W. Blake)

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domingo, 23 de enero de 2011

Nostalgias forasteras

A veces es extraña la nostalgia. Se presenta y se espanta, como para exclamar pasiones y luego arrepentirse, sembrando algo de sí y algo de nada.
Hay rostros que dibuja a la distancia, como queriendo avistar por lo bajo: se pronuncia sin bombo y sin platillos.

A veces se amontona en la distancia.

sábado, 15 de enero de 2011

Cosa cotiana

Cosa cotidiana encontrarte
el rostro en las cortinas
desenredar tu mano en valles
que delinean los confines
de tu espacio a la cocina

Burlar puertas alzadas
con tabúes de tabla senil
que volteamos sobre llamas
de humor infantil

Cerrar las llaves de agua
y hacer despegar temblores
en el vientre y las rodillas
para abrir pasos sin peso
que en la Luna se caminan

Escalarte por la espalda
juguetear entre tus climas
caer en la cama y asediarte
desde el cuello a las colinas

Cosa cotidiana el contraste
de la luz con tu mejilla
el olor a labios tibios
El cuerpo hecho piedra y los latidos
de la nuca a los tobillos

lunes, 13 de diciembre de 2010

Réquiem

Es simple llorar derrotas, y no haber arriesgado un pelo por la victoria- pensó- En realidad su cuerpo gélido no ha de parecer ahora tan distinto de lo que alguna vez fue, cuando dejó las apariencias entre las sábanas… Sol de invierno, el día era una metáfora perfecta: alumbra pero no calienta. ¿Acaso es peor recordar la ilusión de una luz ficticia, o sufrir la oscuridad en un fingido anhelo verdadero? Las velas fueron apagadas antes de consumirse; eso hace de sus cuerpos indignos: cera humillada, no alcanzaron a rozar el amanecer.

Pero la promesa es inquebrantable; ni el soliloquio decepcionado tras su partida, ni la herida más ardorosa pudieron contra la memoria. Ni siquiera el olvido del mismo cadáver…
El clavel rojo fue depositado sobre su tumba, tal como se figuró tantas veces en su imaginación masoquista, tal como lo estipuló el contrato implícito en su adolescencia. Atrapado el tallo entre sus dedos, asió el largo palo verde con la fuerza de unas lágrimas que no hicieron el menor ademán de salir, ni aún de ser formuladas en alguna parte del presente. Sin embargo, hubo compresión: las cintas entintadas del pecho se anudaron hasta contraerse en un puño gris y azul: recordar que una vez se ha amado…

Un clavel, rojo y solitario.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

J'ai été poussé, et tiré!


Decidí dejarme empujar por los vientos, justo cuando empieza el verano... Pero, a pesar de que no parezca el momento más propicio, en las tardes me encuentro con que hasta me entran hojas a los ojos con los vendavales que se presentan -desenfocados. Y en eso somos parecidos: fuera de lugar; bastante poco ubicados y, también, poco desubicados. Es el producto de dejarse avasallar por todos lados por alientos diferentes; si fuese un viento de Oriente, si fuese un viento del Norte...
A veces me imagino que hubiese destino; me imagino a Venus soplándome del Este, y a Minerva aleteandome en las noches del Poniente. No lo sé, tengo dos piernas, dos manos, dos ojos y dos orejas, dos pechos y dos cabezas, no veo el problema: mi derecha se va a la izquierda y vice versa.
Hay otros momentos más desnudos, más honestos, en los que creo que no hay nada. Es más, que no sé nada. La negación absoluta me parece entonces tan absurda como la total afirmación. Pero entonces, ¿Qué?. Sigo sujeta a los mismos empujones, por aquí, por allá. Sin remitente, claro. En la duda el agente es anónimo; ¡anónimo y condicional! Si hubiera algún destino...
No veo el problema de responder a las fuerzas de gravedad que llaman desde todo el contorno de la Rosa de los vientos. Es el espacio. El espacio siempre se intenta llenar (eso aprendí sobre los astronautas, y observando una botella de shampoo, que cuando la apretaba, salía el aire y se contraía para negarle espacio al mero espacio, aún cuando ello dependiera aquello de deformar su cuerpo), entonces me tira, me desintegra, lo cual es paradójico (considerando que hay que saber de todo, para ser integral...), porque creo, porque siento, que estoy en el espacio.
Estoy íntegramente desintegrada.

"El Hombre no es más que un junco, el más débil de la Naturaleza,
pero un junco que piensa"
(Pascal)

Y el problema es que se piensa. Plantados, a merced de una brisa, se piensa. ¿Para qué? Para desentrañar el vaivén.
Estamos diseñados para pensar, dicen, pero yo... yo me quiero balancear
(y en mi balanceo voy del mismo al pensamiento: me arranca Afrodita y me encaja en su corona; me corta Atenea y me aplasta entre sus libros)

jueves, 25 de noviembre de 2010

Ojalá fuese de pasos más simples, o sonrisa más ligera. Ojalá albergara el encanto de la forma...
Siempre me ha dolido ese desplazamiento de lo profundamente pathétiko, por lo desconsideradamente llamativo. Es una falta de respeto, y una falta de pronunciamiento. Esto último es lo peor: el pronunciamiento requiere ser llamativo para ser, precisamente, pronunciado.
Es imposible pedir que se aviste y distingan figuras en la sombra. No es un problema de ojos.
El pathos, a veces, es sombrío. Y en esos casos, está irrevocablemente condenado a no ser visto y, entonces, a no ser.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Bizca


Ojos desorbitados, me cuesta caminar
Con uno miro las ramas; el otro, lo cierro para pensar
Sabes, mis pies no se afilian. Uno se escapa y el otro, se quiere enterrar
¡Y las manos! Las manos son nobles, y se aventuran a la par
Busco algo como el roce de tus ropas para tocar
Esto sí es novedad: hay un golpe desde dentro que insiste hasta empujar
el pecho al suelo; sí, es novedad

sábado, 13 de noviembre de 2010

Sumus Somnus

Soñé que tenía que despertar
Y destruí a sabiendas el sueño cartesiano:
Soñé que sabía que soñaba

Desperté en la duda
Y recreé al demonio:
Supe otra vez que no sabía nada


"¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños sueños son"
(P. Calderón de la Barca)