
Estoy.
No sé si necesito algo más que ser.
Puedo ver y sentir vibrar mis venas con la simple luz de la mañana o el aire que se toma mis pulmones.
Me enageno con las imagenes de pureza simple y sutil. Me creo las imagenes más bellas de recuerdos fantasmales y logro un extasis casi real.
Pero todos los recuerdos del pasado y del futuro, todas las aspiraciones del presente, suplican tu cuerpo materializado en mis ensoñaciones. Ruegan con tiruales casi fantásticos casi reales, que traspases el mundo de mi inconciente.
Todas las perfecciones serían mejores contigo.
Cada vez que logro plenitud, apareces tú.
Fantasma de mis fantasías.
Dibujo sin saber qué piensas, una imagen de nuestro camino oculto. Y entonces me despiertas con una mirada sombría, y me veo sola, parada en una melodía casi triste, casi calma. Parada en una pradera oscura y perfecta, oyendo sólo el eco de todo lo que pudo y podría ser.
Ya no caen los rayos de miel solar a mis pies. Me bajaste de la luminosidad otra vez, y no me queda más que caminar entre la canción melancólica que toco con la cuerdas de nuestra pasión casi descontrolada, casi nula y casi desbordante.
Sin saber qué piensas te escribo otro poema, y sigo caminando entre la hierba trillada de un "aún puede ser..."

